Seguro los has visto: pelotas antiestrés, squishies de diferentes formas y personajes, cubitos con botones, ruedas y otras funciones para manipular. Hoy, los fidgets forman parte del día a día de muchos niños y adolescentes, tanto en casa como en el colegio. Pero, ¿en qué medida los fidgets pueden favorecer la concentración de los estudiantes y cuándo podrían convertirse en una distracción?
La respuesta, como casi siempre en educación, es «depende”.
Un fidget, en esencia, es un objeto pequeño que se manipula con las manos, y esa necesidad de mantener las manos ocupadas no nació con las redes sociales. Ya existía hace siglos, en las bolas Baoding chinas o en las cuentas de oración de distintas tradiciones religiosas: objetos que ocupaban las manos para calmar la mente. Lo que cambió fue el diseño y, sobre todo, la viralidad: el fidget spinner, inventado en 1993, recién se volvió un fenómeno mundial en 2016 y 2017, empujado por las redes sociales. Después llegaron los «Pop Its», que durante la pandemia se vendieron millones de unidades. Ese boom comercial coincidió con una mayor conciencia sobre el TDAH, la ansiedad y las diferencias en el procesamiento sensorial. Así, el fidget pasó de ser una moda a convertirse en un objeto de regulación sensorial. Hoy forman parte del día a día de muchos niños y pueden encontrarse prácticamente en cualquier lugar.
¿Y realmente ayudan a concentrarse? ¿Qué dice la evidencia científica? Hay estudios que muestran beneficios reales: en un caso, cuatro niños de primaria con TDAH aumentaron su atención en clase entre un 45% y un 55% usando fidgets elegidos por ellos mismos (Mathews, Osmani y Martin, 2020). Asimismo, también se ha estudiado su uso en niños neurotípicos. Roche, Back y Van Herwegen (2024), a partir de las percepciones de padres de 76 niños neurotípicos, encontraron que aquellos con mayores niveles de búsqueda sensorial eran percibidos como más beneficiados por los fidgets y con mayor apoyo en la concentración.
Pero también hay estudios que encienden una alerta: una investigación con 233 niños de primaria, encontró que los fidget spinners afectan negativamente el rendimiento en matemáticas y en tareas de escucha, independientemente de que los estudiantes presentaran o no mayores niveles de sintomatología asociada al TDAH (Driesen et al., 2023). Esto sugiere que los fidgets no funcionan de la misma manera para todos los estudiantes y que su utilidad depende de factores como el tipo de herramienta, la actividad y la forma en que se utiliza. Y una revisión reciente de la literatura concluyó que, a pesar del marketing, todavía no hay evidencia científica suficiente para recomendar los fidgets como apoyo universal en el aula (Kriescher et al., 2023).
¿Cómo se explica esta contradicción? La terapeuta ocupacional Lindsey Biel (2017) propone una distinción simple pero muy útil: no todos los fidgets son iguales. Los que suelen favorecer la atención son silenciosos, pequeños y pueden manipularse sin necesidad de mirarlos: plastilina, pelotas antiestrés, squishies. Los que terminan funcionando más como juguetes son los más llamativos, sonoros o visualmente atractivos, que exigen mirar constantemente el objeto, como los fidget spinners, los Pop Its o algunos cubitos. Los primeros ayudan a sostener la atención; los segundos compiten con ella.
Por eso, un mismo recurso puede funcionar para un estudiante y ser un problema para otro.
Para algunos niños, tener algo entre las manos puede ayudarlos a regular su nivel de activación y mantenerse conectado con la actividad. Para otros, especialmente quienes son más sensibles a ciertos estímulos visuales o al movimiento, un fidget más llamativo podría generar el efecto contrario y convertirse en una distracción. Incluso para un niño que no presenta ninguna dificultad particular de atención, un fidget puede verse como un juguete nuevo, más interesante que la clase.
Entonces, ¿cómo sabemos si un estudiante realmente lo necesita? Algunas preguntas simples ayudan bastante: ¿el estudiante sigue mirando y escuchando al o la docente mientras lo usa? ¿Lo puede usar casi sin mirarlo? ¿Molesta a los compañeros? ¿Qué ocurre si deja de usarlo durante algunos días? ¿Se observa algún cambio?
Por eso, la respuesta no está en decidir si se permiten los fidgets en el salón como norma general, sino en evaluar caso por caso. Repartir fidgets a todo el salón no tiene el mismo sentido que ofrecerle a un estudiante puntual, con una necesidad real, una herramienta silenciosa y bien elegida, con reglas claras de uso y con seguimiento de si realmente está ayudando.
En Nordic International School, reconocemos y valoramos la diversidad y las características particulares de cada estudiante. Desde esta mirada, buscamos que cada uno pueda explorar y desarrollar las herramientas y estrategias que mejor le permitan regularse y favorecer su aprendizaje de manera autónoma. En este contexto, los fidgets pueden ser una herramienta de autorregulación para algunos estudiantes, siempre considerando cómo y cuándo su uso favorece su participación y aprendizaje. Por ello, los estudiantes pueden recurrir a sus propios fidgets o a los que tenemos disponibles desde Student Support cuando identifican que esta estrategia puede ayudarlos a mantenerse regulados y conectados con la actividad.
Al final, los fidgets, no son la solución mágica ni el enemigo del aprendizaje. Son una herramienta más y, como cualquier estrategia educativa o terapéutica, su utilidad depende de cómo, cuándo y para quién se utiliza. La pregunta realmente importante no es si los fidgets deberían permitirse o prohibirse en el aula, sino, si están ayudando a ese estudiante a aprender, participar y regularse mejor.
Bibliografía
Biel, L. (2017). Fidget toys or focus tools. Autism File, 74, 12-13. https://www.sensorysmarts.com/AADJun17.pdf
Driesen, M., Rijmen, J., Hulsbosch, A. K., Danckaerts, M., Wiersema, J. R., & Van der Oord, S. (2023). Tools or toys? The effect of fidget spinners and bouncy bands on the academic performance in children with varying ADHD-symptomatology. Contemporary Educational Psychology, 75, 102214. https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0361476X23000681
Kriescher, S. L., Hulac, D. M., Ryan, A. M., & King, B. L. (2023). Evaluating the evidence for fidget toys in the classroom. Intervention in School and Clinic, 59(1), 66-69. https://journals.sagepub.com/doi/abs/10.1177/10534512221130070
Mathews, L. A., Osmani, K. J., & Martin, J. E. (2020). Examining the effectiveness of fidgets on attention of elementary students with ADHD. Journal of the American Academy of Special Education Professionals, 86, 102. https://eric.ed.gov/?id=EJ1272882
Metmo (20 de mayo de 2025). The hands-on history of fidget toys. https://www.metmo.co.uk/blogs/news/the-hands-on-history-of-fidget-toys