Actualmente, en el Perú, el debate sobre la educación sexual ha cobrado nueva relevancia tras la derogación de disposiciones vinculadas a la Educación Sexual Integral (ESI), en el marco de la Ley N.° 32535 y la Resolución Viceministerial N.° 085-2026-MINEDU. Para algunos, esta medida representa una mayor protección del derecho de las familias a decidir sobre la formación de sus hijos; para otros, genera preocupación respecto a los espacios que tendrán los adolescentes para acceder a información basada en evidencia sobre sexualidad y relaciones interpersonales. En este contexto, surge una pregunta fundamental: ¿quién educará a los adolescentes cuando los adultos decidimos no hacerlo?
Hace algunas décadas, la familia y el colegio eran las principales fuentes de información sobre sexualidad. Hoy, una persona puede acceder en segundos a miles de videos, publicaciones y opiniones sobre relaciones, consentimiento, identidad y sexo a través de internet, redes sociales e inteligencia artificial. En este contexto, el debate ya no debería centrarse en si los adolescente recibirán información sobre sexualidad, porque inevitablemente la recibirán. La pregunta relevante es quién los ayudará a comprenderla críticamente.
Quienes cuestionan la educación sexual en el colegio suelen sostener que estos temas corresponden principalmente a las familias y que el Estado no debería intervenir en asuntos relacionados con valores o creencias. Esta preocupación merece ser escuchada. Los padres son los primeros educadores de sus hijos y desempeñan un papel insustituible en la transmisión de valores, afectos y principios. Sin embargo, esta postura parte de una premisa difícil de sostener: que todos los adolescentes reciben información suficiente y adecuada en sus hogares.
La realidad suele ser más compleja. Muchas familias reconocen sentirse incómodas o poco preparadas para abordar temas como consentimiento, relaciones afectivas, sexualidad o riesgos digitales. Cuando estos espacios de conversación no existen, otros ocupan su lugar. Redes sociales, influencers, algoritmos y contenidos de internet se convierten en referentes informales para millones de adolescentes.
Frente a esta realidad, la Educación Sexual Integral (ESI) propone un enfoque que va más allá de la reproducción o la prevención del embarazo (Chin, Sipe, Elder, Mercer, Chattopadhyay, Jacob, y Santelli, 2012) . Incluye aspectos relacionados con el desarrollo emocional, el respeto, el consentimiento, la prevención de la violencia, las relaciones saludables y la toma de decisiones responsables. Este enfoque resulta especialmente relevante durante la adolescencia, una etapa en la que los jóvenes construyen su identidad, desarrollan mayor autonomía y enfrentan desafíos cada vez más complejos en sus relaciones interpersonales.
Lejos de limitarse a contenidos biológicos o reproductivos, la educación sexual integral aborda una amplia variedad de temas vinculados al desarrollo y bienestar de los adolescentes. Entre ellos se encuentran las relaciones familiares, de amistad y de pareja; los derechos humanos y el respeto por la diversidad; la igualdad de género y la prevención de la violencia; el consentimiento, la seguridad personal y el uso responsable de las tecnologías digitales; así como habilidades para la vida como la toma de decisiones, la comunicación, el pensamiento crítico y la búsqueda de apoyo cuando es necesario. También incluye contenidos relacionados con el desarrollo físico y emocional durante la pubertad, la identidad, la salud sexual y reproductiva y el acceso a información confiable para el cuidado de la salud (OMS, 2026).
La evidencia disponible respalda esta aproximación. De acuerdo con una ficha técnica actualizada por la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2026), que sintetiza evidencia acumulada sobre educación sexual integral, estos programas contribuyen a mejorar el conocimiento sobre el cuerpo, las relaciones y la salud, además de favorecer conductas más seguras. En la misma línea, la Guía Técnica Internacional sobre Educación en Sexualidad de UNESCO y organismos de Naciones Unidas (UNESCO et al., 2018) concluye que la educación sexual integral no incrementa la actividad sexual de los adolescentes y puede contribuir a retrasar su inicio y reducir conductas de riesgo. Estos hallazgos son consistentes con revisiones sistemáticas y metaanálisis recientes. Una revisión sistemática con metaanálisis de 47 estudios encontró que los programas escolares de educación sexual mejoran significativamente los conocimientos, las actitudes hacia la sexualidad, la autoeficacia para el uso del preservativo, la intención de utilizar métodos de protección y otras conductas preventivas (Barriuso-Ortega et al., 2024).
Asimismo, una recopilación reciente de evidencia identificó que las intervenciones más exitosas comparten características como metodologías participativas, facilitadores capacitados y un enfoque integral basado en teorías del cambio de comportamiento, lo que refuerza la importancia de implementar programas de calidad y sustentados en evidencia (Torres-Cortés et al., 2023). Finalmente, una revisión sistemática reciente concluyó que los programas de educación sexual integral contribuyen a reducir conductas sexuales de riesgo y fortalecen factores de protección asociados con una toma de decisiones más informada durante la adolescencia (Rodríguez-García et al., 2025).
Esto no significa que los programas de educación sexual estén exentos de desafíos. Una crítica válida es que, en ocasiones, pueden implementarse de manera poco contextualizada o sin suficiente comunicación con las familias. Sin embargo, la solución a estos problemas no es eliminar los espacios de educación sexual, sino fortalecerlos, supervisarlos y promover una colaboración más estrecha entre el colegio y la familia.
Por ejemplo, en Nordic International School, la educación sexual se da trabajando de forma conjunta entre la familia y el colegio. Ambas comparten la responsabilidad de acompañar a los adolescentes en la construcción de relaciones saludables, decisiones responsables y proyectos de vida coherentes con sus valores. Los padres ofrecen el marco afectivo; el colegio aporta información científica, espacios de reflexión y herramientas para desarrollar pensamiento crítico.
La reciente derogación de disposiciones vinculadas a la Educación Sexual Integral en el Perú ha trasladado parte de este debate desde las aulas hacia otros espacios educativos y familiares. Sin embargo, la necesidad de acompañar a los adolescentes en temas relacionados con la sexualidad, las relaciones afectivas y los riesgos digitales permanece vigente. Más allá de las diferencias normativas, el desafío continúa siendo cómo brindar orientación basada en evidencia y acorde con las necesidades de desarrollo de los jóvenes.
En una época en la que cualquier adolescente puede encontrar respuestas en cuestión de segundos, el verdadero desafío no es controlar toda la información a la que accede, sino enseñarle a comprenderla, cuestionarla y utilizarla con criterio. Porque los adolescentes seguirán aprendiendo sobre sexualidad. La diferencia está en sí lo harán acompañados por adultos significativos o guiados únicamente por lo que encuentren en internet.
Referencias bibliográficas:
Barriuso-Ortega, S., Fernández-Hawrylak, M., & Heras-Sevilla, D. (2024). Sex education in adolescence: A systematic review of programmes and meta-analysis. Children and Youth Services Review, 166, 107926. https://doi.org/10.1016/j.childyouth.2024.107926
Chin, H. B., Sipe, T. A., Elder, R., Mercer, S. L., Chattopadhyay, S. K., Jacob, V., … & Community Preventive Services Task Force. (2012). The effectiveness of group-based comprehensive risk-reduction and abstinence education interventions to prevent or reduce the risk of adolescent pregnancy, HIV, and sexually transmitted infections. American Journal of Preventive Medicine, 42(3), 272–294.
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Torres-Cortés, B., Leiva, L., Canenguez, K., Olhaberry, M., & Méndez, E. (2023). Shared components of worldwide successful sexuality education interventions for adolescents: A systematic review of randomized trials. International Journal of Environmental Research and Public Health, 20(5), 4170. https://doi.org/10.3390/ijerph20054170
Rodríguez-García, A., Botello-Hermosa, A., Borrallo-Riego, Á., & Guerra-Martín, M. D. (2025). Effectiveness of comprehensive sexuality education to reduce risk sexual behaviours among adolescents: A systematic review. Sexes, 6(1), 6. https://doi.org/10.3390/sexes6010006
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