Si bien la Inteligencia Artificial (IA) sentó sus bases con los escritos de Alan Turing alrededor de 1950, fue en el 2022 cuando herramientas como ChatGPT llegaron a nuestras vidas causando una revolución sin precedentes en la forma en que nos relacionamos con la tecnología y nuestros procesos de aprendizaje. Según el mismo ChatGPT, su propósito consiste en redactar y corregir textos, explicar conceptos complejos, dar ideas creativas y ayudar con tareas educativas o profesionales (OpenAI, 2025). Asimismo, es capaz de facilitar interacciones entre humanos e IA, como conversaciones en tiempo real, experiencias de aprendizaje personalizadas, relaciones y recomendaciones de contenido a medida (American Psychological Association, 2025).
Esto está generando cambios en el paradigma educativo y levantando interrogantes, no solo sobre las implicancias éticas del uso de esta herramienta en el ambiente educativo, sino también sobre cómo los estudiantes emplean esta herramienta para su propio beneficio y si su uso podría tener algún efecto perjudicial en los procesos cognitivos fundamentales para el desarrollo del aprendizaje. Entre estos procesos destacan las funciones ejecutivas, entendidas como «una familia de procesos mentales de orden superior que se activan cuando es necesario concentrarse y prestar atención, es decir, cuando actuar en piloto automático o dejarse guiar por el instinto o la intuición resultaría inadecuado, insuficiente o imposible» (Diamond, 2013, p. 135).
Según un estudio realizado por investigadores de MIT, titulado “Your Brain on ChatGPT: Accumulation of Cognitive Debt when Using an AI Assistant for Essay Writing Task” se descubrió información esclarecedora sobre los efectos de usar esta herramienta en tareas tales como escribir un ensayo. Los investigadores dividieron a 54 participantes en tres grupos, a quienes se les pidió redactar dicho texto basado en una consigna del SAT. El primer grupo usó ChatGPT, el segundo usó buscadores en línea y el tercero sólo empleó su memoria y razonamiento (Kosmayna et al., 2025). El estudio concluyó que el grupo que usó ChatGPT fue el que obtuvo los puntajes más bajos en actividad y conectividad neuronal, retuvo menos información y presentó menos sentido de autoría que los otros dos grupos. Además, la satisfacción sentida por sus ensayos también fue menor en el grupo que empleó IA. Si bien se trata de un estudio exploratorio con una muestra reducida, sus hallazgos son consistentes con investigaciones previas que señalan que la delegación de tareas cognitivas a herramientas externas puede reducir el procesamiento profundo de la información y el compromiso activo con el aprendizaje.
Este hallazgo resuena con los resultados de la investigación de Doshi y Hauser (2024), quienes demostraron que, si bien el acceso a ideas generadas por IA mejora la creatividad individual, simultáneamente los escritores que utilizaron asistencia de IA tendieron a producir historias más similares entre sí, confluyendo hacia patrones similares. Esto invita a reflexionar sobre hasta qué punto el uso de ChatGPT puede desplazar el pensamiento autónomo y la construcción genuina de conocimiento.
En esa línea, no se trata de rechazar la herramienta, sino de repensar cómo se usa. Mollick y Mollick (2023) proponen que el impacto cognitivo de la IA depende fundamentalmente del modo en que el estudiante utiliza. Por ejemplo, cuando se utiliza como un tutor que formula preguntas, un interlocutor que desafía ideas o un colaborador que exige que el estudiante justifique sus decisiones, la IA puede convertirse en un andamiaje para el pensamiento crítico en lugar de un sustituto de este. Así, el mismo recurso que empleado pasivamente empobrece el procesamiento cognitivo, puede potenciar la elaboración de ideas, la autorregulación y la capacidad de razonamiento del estudiante.
Frente a este panorama, vale la pena preguntarnos: ¿estamos preparando a nuestros hijos para pensar, o simplemente para obtener respuestas? La IA es una herramienta poderosa, pero como toda herramienta, su valor depende de cómo se emplea. Acompañar a los estudiantes en el desarrollo de su pensamiento crítico, su capacidad de análisis y su autonomía cognitiva sigue siendo una tarea irremplazable, tanto en el hogar como en el aula.
Bibliografía:
American Psychological Association. (2025). Artificial intelligence and adolescent well-being: An APA health advisory. https://www.apa.org/topics/artificial-intelligence-machine-learning/health-advisory-ai-adolescent-well-being
Doshi, A. R., & Hauser, O. P. (2024). Generative AI enhances individual creativity but reduces the collective diversity of novel content. Science Advances.
Diamond, A. (2013). Executive functions. Annual Review of Psychology, 64, 135–168.
García, D., y Muñoz, P. (2000). Funciones ejecutivas y rendimiento escolar en educación primaria. Un estudio exploratorio. Revista Complutense de Educación, 11(1), 39–56.
Mollick, E., & Mollick, L. (2023). Assigning AI: Seven approaches for students with prompts. SSRN.
OpenAI. (2025). ChatGPT [Modelo de lenguaje grande]. OpenAI. https://chat.openai.comKosmyna, N., Hauptmann, E., Yuan, Y. T., Situ, J., Liao, X., Beresnitzky, A. V., Braunstein, I., & Maes, P. (2025). Your brain on ChatGPT: Accumulation of cognitive debt when using an AI assistant for essay writing task. arXiv. https://doi.org/10.48550/arXiv.2506.08872